La política es eso de lo que nadie, dentro de la afición, quiere hablar o ni siquiera quiere relacionar con los juegos de rol y de mesa, y menos con los wargames, pero que está ahí. Pero que si no prestamos atención, nos arrasa con las decisiones de terceros, por muy lejos que estén. Hoy he venido a hablar de política y de cómo la entrada de Donald Trump puede afectar a las políticas de inclusión en Dungeons & Dragons y otros juegos.
Creo que es conocido que Wizards of the Coast, así como Paizo y otras empresas y editoriales de juegos de rol (también de mesa, pero a esas no les pongo nombre), llevan ejerciendo políticas de inclusividad, feminismo y, en definitiva, de decisiones consideradas woke, desde hace mucho tiempo.
No es la primera vez que he hablado sobre ello y sobre que mi parecer es que muchas de estas empresas utilizan esa clase de políticas como medios publicitarios, pero que, incluso de esa manera, sus decisiones son positivas porque dan voz a mucha gente diversa y crean espacios más amigables en los que jugar.
Creo que también es conocido que tenemos nuevo inquilino en la Casa Blanca, que su nombre es Donald Trump y que ha declarado la guerra a «lo woke». Sea lo que sea que signifique esa palabra, aunque cada vez estoy más convencido de que, más que señalar a quienes siguen ciertas conductas, habla de quienes no las siguen.
No hay que olvidar que el tipo está a tope con el apoyo a la inteligencia artificial y que en el país del salvaje osete no son conocidos por tener leyes que protejan a los usuarios de su uso. Aunque aquí, ya veremos cómo andamos en un futuro.
¡Ah! Y los aranceles, no olvidemos los aranceles.

Esto es algo que, a priori, no debería afectarnos. U.S.A. está al otro lado del charco, aunque a nuestros amigos mexicanos y latinoamericanos les cae más cerca. Sin embargo, sus decisiones sí nos afectan.
Es posible que lo que más nos preocupe, pues afecta a la lista de la compra semanal y a otros gastos más importantes que los jueguicos, sea el tema de los aranceles. Pero no he venido a hablar sobre economía, sino sobre cómo las decisiones de Trump y su hombre fuerte, Musk, podrían afectar a nuestra afición más allá de los posibles aumentos de precios por los aranceles y el uso de ilustraciones generadas por inteligencias artificiales. Que no son cosa menor,
Recordemos la vacilada de Elon Musk, con ese twit en el que preguntaba cuánto le costaría comprar Hasbro.
Todo este rollo, en el cual no he dicho todavía nada, es a causa de que varias empresas estadounidenses ya han revertido sus políticas de inclusión, entre ellas la todopoderosa Disney. Con esas empresas, anteriormente con políticas «super inclusivas», doblando la rodilla ante el jefe de la Casa Blanca, temo que Habro haga lo mismo.
No recuerdo haber leído nada sobre ninguna declaración de la todopoderosa juguetera al respecto, pero no me extrañaría que eso sucediera.
Y es que si en ciertas ocasiones ya es desagradable y violento encontrarse en espacios en los que se desatan discusiones por la decisión de tapar una teta más de lo habitual, por utilizar una «e» en lugar de una «o», por apostar por el respeto cultural, por sacar a dos enanos gays, etc., no quiero imaginarme los comentarios al respecto si Hasbro o Wizards of the Coast hacen un comunicado oficial sobre un cambio de política al respecto.
¡Y ojo! Un cambio al respecto únicamente confirmaría las sospechas que mucha gente tenemos sobre su actual posición sobre esos temas. Que no es más que una máscara para poder promocionar sus productos, y que cuando soplan vientos de cambio, unos construyen muros y otros molinos.
Y sí, sé que todo este rollo de la inclusión, lo woke, el feminismo y demás políticas consideradas progresistas que abanderan las empresas no tienen por qué afectar a tu mesa de juego ni a la mía. Tanto si las políticas tomadas por las empresas son publicidad como si lo hacen por convicción. A lo que afecta es al clima de la afición. Lo que temo es la posibilidad de algún tipo de «revanchismo» que permita envalentonar a ciertas personas y que aprovechen para prender fuego las redes sociales y a la comunidad.
Que si ya lo hacen ahora por nimiedades, esto les dé más combustible. Personas que seguirán sin entender que, independientemente de que si en un manual incluyen a una elfa macizorra o más recatada, que un orco sea considerado como un monstruo o no, o a personajes que fomenten o no las fantasías de poder masculino, no cambia nada la experiencia de juego en nuestras mesas. Únicamente las ventas de los productos de una empresa.

De hecho, aquí en España tenemos el ejemplo de Nosolorol y HT Publishers, que antes de toda esta vorágine de comentarios por las orcas nómadas del nuevo Player’s Handbook, ya habían publicado títulos inclusivos, feministas y con esa carga denominada actualmente woke. Algo que, a mi parecer, siempre les ha caracterizado. Sobre todo, y en mi opinión, Nosolorol, que a ese respecto ha demostrado una valentía enorme desde hace muchos años. Y sin embargo, no recuerdo ataques al respecto más allá de comentarios de «este juego no es para mí». Bueno, miento, aún recuerdo los comentarios por la decisión de denominar, en los manuales de Forbidden Lands, «directora de juego» a quien dirige una partida.
No creo que, a pesar de un posible comunicado en el que se pronuncien a favor o en contra de las políticas que siguen actualmente, los manuales y sus líneas de juego cambien mucho.
Si hablamos de Dungeons & Dragons, sería descarado. Como un acto que para una enorme parte de la comunidad sería considerado como traición (una más) y también podría afectar a la entrada de más gente al juego. Si hablamos de Paizo, sería ir contra su propia seña de identidad, pues esta empresa, si bien no sé si ha sido pionera al respecto, siempre se ha destacado por incluir cambios de este tipo, mucho antes y posiblemente mejor que Wizards of the Coast.
Es posible que este temor sea vano y no tengamos que preocuparnos. Después de todo, las empresas tienen que mirar por su estabilidad a la larga. Dentro de cuatro años habrá nuevas elecciones y el actual presidente de USA no podrá presentarse de nuevo, pero Hasbro y Paizo sí seguirán ahí. Y no creo que el siguiente presidente, aunque sea republicano, siga la estela del actual, que actúa a calzón quitado, tomando decisiones sin miedo a las represalias.
Sin embargo, aunque no relacionado directamente, ya hay indicios que crean alarma al respecto. En Texas, una propuesta de Ley pretende prohibir los juegos de rol en centros educativos, por considerar que pueden afectar a la realidad del alumnado.
Mientras tanto, seguiremos jugando. Sin amargarnos por ciertas actitudes y decisiones, pero sin olvidar que el mundo y la sociedad siempre se resisten a los cambios y que, por alguna razón, los juegos de rol parecen ser el objetivo de desprecio de muchas personas, por razones incomprensibles.


