Los enanos son una de las especies más populares en los juegos de rol. Algo que siempre me ha sorprendido, ya que suelen ser groseros, barbudos, iracundos, autoritarios, carnuces y rencorosos hasta decir basta. Como se suele decir, «sobre gustos, no hay nada escrito», pero, conmigo no, bicho. Sin embargo, nunca he oído a nadie (ni a mí mismo) quejarse de tener un compañere enano cuando llega la hora de las tortas.
Al igual que los elfos, el origen primigenio de lo que conceptualizamos en los juegos de rol como enano proviene de la mitología nórdica y no del cuento de Blancanieves y los siete enanitos, por mucho que os gusten las canciones y las capas y los gorricos de colores.
No me queda claro si su origen son los «dvergar», relacionados con la roca, lo subterráneo, la muerte, la magia, la tecnología y la creación de objetos, especialmente la forja; o quizás su origen esté más relacionado con los «svartálfar» (elfos negros) y «døkkálfar» (elfos oscuros).
Una curiosidad que siempre me ha llamado la atención sobre la existencia de los dvergar en la mitología nórdica es que en realidad no eran enanos. Quiero decir, no eran más pequeños que la especie humana. Al menos hasta el siglo XIII, donde se empezaron a incluir en sagas literarias, a menudo como elementos humorísticos. Además, en algunos textos he leído que una de sus capacidades era la de poder modificar su tamaño y así introducirse en grietas por las que alguien de tamaño humano no podría hacerlo. Desde que leí esa capacidad, me encanta la idea de miembros de la especie enana que puedan cambiar de tamaño.
En castellano, la palabra enano deriva de la palabra en latín «nanus», que a nadie le sorprenderá si le digo que significa pequeño. Y en inglés se denominan «dwarf», con el mismo significado. Aunque en esta ocasión, existe cierta complejidad etimológica, ya que su origen indoeuropeo es el mismo que el de la palabra castellana tuerto, que en principio significa torcido o deforme, y por ello hay quien propone denominarlos «tuergos». El rollo este es bastante más largo, pero me llamó la atención eso de los «tuergos» y ahí os dejo la anécdota.
¿Y qué más podríamos decir de los enanos? Creo que eso de feos, fuertes y formales les va bastante bien. Sus descripciones y caracterizaciones suelen mostrarlos bajos, evidentemente, y con grandes manos, narices y botas. Lo que no los hace populares por ganar concursos de belleza, y podría dar sentido a eso de dejarse esas largas barbas que tanto los caracterizan, incluso hasta entre las mujeres enanas, según Tolkien.
En relación a eso de fuertes, sus característicos valores en constitución, hablando de su salud y complexión, y no de la carta magna, y sus habituales trabajos en minas, en la forja y en la artesanía en general, hace que, normalmente, cuando imaginamos a un enano o enana, tengamos la visión de alguien con gran musculatura desarrollada.
Sobre su «formalidad», encuentro relación entre «ser formal» con la cortesía que en ocasiones los caracteriza y esa supuesta legalidad u honorabilidad generalizada que tienen en Dungeons & Dragons y en la Tierra Media, por nombrar las ambientaciones más populares donde podemos encontrarlos.

FEOS
Su apariencia no es lo único desagradable, también lo suele ser su actitud. _Por una moneda de plata, rasgos de personalidad negativos que puedan utilizarse para describir a un enano, un, dos, tres, responda otra vez._ Avaros, hoscos, huraños, gruñones, iracundos, tacaños, rencorosos, tercos, roñosos, soeces…
Y es que este suele ser el típico arquetipo con el que nos solemos encontrar a alguien de esta especie. Incluso entre los corteses miembros de la compañía de Thorin «Escudo de Roble» se pueden identificar muchos de estos rasgos. ¡Y eso que, según Gandalf, Bilbo había tenido suerte porque no te podías fiar de cualquier enano! Esos eran así de majos, porque pertenecían a la nobleza, como si eso fuera algo positivo. En España tuvimos al Khan Pechano, y no hay más que hablar, señoría. Ya se entiende por qué al mago gris le tomaban tanto el pelo. Y, sin embargo, Bilbo debería de dar las gracias, porque al menos esos no le iban a saquear mientras el saqueador dormía.
Después nos encontramos con enanos como Balin, alguien más cortés, cabal, planificador, carismático y menos rencoroso. Y el único con un par de narices y carnuz como él solo como para querer reconquistar Khazad Dûm con un grupo de colegas y unos barriles de hidromiel. Que después de enfrentarse a un dragón y haber participado en la Batalla de los cinco ejércitos, ya le vale. Si al menos lo hubiera acompañado Gotrek, igual podría haber conseguido algo. Uno de esos enanos de pelo en pecho que, por muy desagradable que sea, no le vas a decir que no ayude cuando las cosas se ponen feas frente a un trol o un demonio de fuego alado. ¿En esos casos, lo de feos y desagradables ya no importa tanto, eh? Ya nos conocemos el doble rasero.
FUERTES
La raza enana no solo es fuerte de complexión, también lo es de voluntad. Algo tenía que tener de bueno no querer dar el brazo a torcer ni a la de tres. En mi fuero interior, los enanos tienen sangre aragonesa, por eso de que aquí (en Aragón), para decir que no, se suele decir «sí, por mis cojones».
Los enanos guerreros son uno de esos arquetipos de personaje trillados hasta decir basta. A mí siempre me han dado un poco de repelús porque me dan la sensación de que huelen a testosterona como para tumbar a un elefante. Pero claro, ponte delante de un dragón y dile que no quieres como compañere a esa masa de músculos hormonados con su hacha a juego.
Y es que los enanos podrían aparecer en cualquier portada de esas revistas de musculación en las que se vende masculinidad tóxica a paladas. No sólo es que posean grandes músculos, también son fuertes de personalidad con una voluntad que los acompaña. Siempre dispuestos a la batalla, iracundos, con lemas relacionados con la muerte dignos de la legión extranjera y no extrajera, soltando babas y pegando fuertes voces y bravuconadas. Ya sabéis, dignos de títulos de película como Retroceder nunca, rendirse jamás.
Pero al final, se hacen querer a su manera. Muy fuertes y tozudos, sí, pero se sonrojan con la sonrisa de una elfa, tratan de comportarse cortésmente y dicen las cosas a la cara. Es posible que si no tuvieran tanto músculo y pelo en la cara, hasta los veríamos sonreír.
FORMALES
Formales y ordenados, divididos en clanes, territoriales, amantes de las leyes y de la franqueza, que no de los franceses, y con un ímpetu proteccionista digno de los dictadores más imperialistas.
La formalidad de los enanos esconde algo muy turbio. A causa de su falta de carisma, lo disfrazan todo con leyes y formalidades. Vamos, que prefieren los factos a las palabras. Y es que las palabras se las lleva el viento, pero la roca es eterna, imperecedera e inamovible. Con un contrato y unas leyes hechas a medida (de su estatura y su hacha), si no cumples, tienen la excusa perfecta para enviarte a sus aguerridos, barbudos y musculados guerreros. Como si fueran los cobradores de frac.
Están divididos en clanes, pero nunca jamás se ha visto que haya disputas entre ellos, por mucho que en ocasiones los ilustren como a escoceses, pelirrojos y con kilt. Sólo en Reinos de Hierro he visto desencuentros entre clanes, pero como allí pasan cosas muy chungas, las disputas no existen, únicamente accidentes. Eso y que las reglas del entorno de campaña imponen un conjuro de geas a los juramentos de los enanos legales, es decir, la mayoría. Con eso no se juega.
Siempre he pensado que tienen un puntito (puntazo) de fascistas y capitalistas. Constantemente pensando en la producción, sin pensar en el entorno. Sólo producir, producir, producir, sin mirar las consecuencias y pensando en el suyo beneficio económico. No me extraña que acaben tan estresados y necesiten liberar su rabia y frustración de algún modo. Haciendo galletitas, no penséis mal.
Además, ellos imponen su punto de vista, con martillo en la mano (pero sin hoz), gritando mucho y mediante amenazas, un poquico a lo Trump. Si quieren algo, lo exigen. Eso sí, lo dicen a la cara y te dicen que han sido muy directos y francos, que eso de la diplomacia humana y élfica es lo mismo que hacen ellos, pero disfrazando las intenciones. Que oye, no les voy a quitar la razón. Y no lo digo únicamente porque alguien delante de mí haya dejado sobre la mesa un enorme martillo de guerra.
Y con esto termino la entrada de hoy, haciendo amigos, como la yerba tocándole los cojones a un enano.




