En unas jornadas o evento de «ocio alternativo», los juegos de rol son los niños mimados. Son esa actividad que la organización siempre se tiene que mirar con especial atención a causa de sus requisitos. Y rara vez se consigue tratar como se piensa que se requiere.
Como organizador, incluir partidas de rol en un evento es un dolor de cabeza. Es posible que os resulte curioso que, siendo aquí una de las personas encargadas de escribir sobre rol, hable así sobre este tipo de actividades, pero… siento que es la verdad.

A causa de que es una actividad en la que se está continuamente hablando, una partida de rol requiere de cierta tranquilidad. No es que se necesite que se tenga que realizar obligatoriamente en una habitación insonorizada, pero… si en ocasiones, en los clubes de rol, molesta jugar varias partidas a la vez en la misma habitación, imaginad dirigir una partida en un lugar mal insonorizado junto a cientos o miles de personas. Suele ser horrible.
Y sin embargo, abogo que deben de estar ahí, ¿por qué? Pues porque si no, parece que no forman parte del evento. Una de las cosas que molan de esos eventos es formar parte del mismo, y esto se consigue estando en el mogollón. En medio de todo el follón.
He estado en eventos en los que, habiendo una sala en común con muchas actividades, las partidas de rol se jugaban en habitaciones separadas, ganando esa calidad de juego que se encuentra en una partida con amigues. Pero, mi opinión es que si buscas eso en una partida de rol, no vayas a jugar a rol a un evento. Quedaos con vuestra mesa de siempre disfrutando de lo de siempre, pues no lo vais a disfrutar. A un evento se va a conocer gente, a probar juegos que no conoces, a disfrutar de estar con muchas otras personas que comparten nuestra afición, pero no a buscar calidad.
Es como ir a un concierto de los Maiden, Blind Guardian o Nightwish: en casa se pueden escuchar al volumen que quieras (incluso excesivamente alto si queremos molestar a cierto vecino), escuchar repetidamente una única canción o hacerlo en nuestro sillón favorito con un refresco. Sin embargo, en un concierto, lo que mola es disfrutar de otras cosas, de los fuegos artificiales, de la interactuación con el público, de los pogos, del ruido ambiental, de la fiesta, de sentir el calor de quienes están ahí. Pues con el rol pasa lo mismo.

Es un asunto complicado y, evidentemente, hay a quien le molesta más y quien lo sufre menos. Personalmente, lo sufro muchísimo, pues hablo muy bajo y al estar en sitios así suelo quedarme afónico (bendita Lizipaina) y, sin embargo, si no estoy en el mogollón, no me siento parte del evento.
La última vez que me pasó esto, y eso que el «ruido» no era excesivo, fue durante la Deviriada. Ya en la sesión de rol mañanera tuve que tomarme una pastilla y la sesión de la tarde decidí directamente dirigirla en el bar del hotel. Mi voz lo agradeció, pero personalmente, se perdió un poco eso que comentaba de formar parte del evento.
Es cierto que lo pasé bien, y que jugué con gente que no había tenido oportunidad hasta ahora y que espero poder repetir porque jugaron genial y me lo hicieron pasar bomba. Pero me faltó eso de formar parte del grupo. De estar ahí, en el mogollón, haciendo «pogos» mientras escuchas a Halloween. De modo que, a la partida del domingo por la mañana, volví a la sala comunal, a pesar de tener que tomar otra Lizipaina.
Por si alguien cree que estoy sentando cátedra sobre este asunto, no van por ahí los tiros. No digo que no se puedan hacer eventos de otra manera, que no se pueda tratar de aislar el rol de los ruidos, que se deba sentir como yo digo, que lo que digo es la única y verdadera forma de pensar o que, a pesar de criticar el ruido, no se pueda asistir a uno de estos eventos a jugar a rol.
He estado y organizado eventos en los que se ha tratado el rol de diversas maneras: en salas separadas, como en la Rolmaratón de la Goblinera o las Roach and Roll del club Roachroom; dividiendo el número de partidas en diferentes salas, de modo que se reduzca el ruido, como en las Zaragoza Rolea; incluso tratando de amortiguar el ruido de la sala mediante unas cortinas, como en la Noche Insomne. Opciones hay muchas, pero no siento que ninguna sea perfecta. Supongo que dependerá un poco del objetivo y posibilidades de la organización.

Los juegos de rol son un niño mimado. La niña de nuestros ojos. Ese objeto de deseo que deseamos conservar en un estado idílico, pero a la vez también queremos disfrutar de ello en sitios cuyas condiciones no son las mejores.
Queremos que sean populares, pero no tanto como para no sentirlos como algo especial. Queremos que haya más y más variados, pero si hay muchos nos quejamos porque el mercado se satura. Queremos que se puedan jugar en eventos multitudinarios, pero con las condiciones que tenemos en nuestras casas…
Al final, todo es cuestión de elección. Ir o no ir, esa es la cuestión. Pero también de saber que se puede disfrutar en cada momento. De no ser puretas cuando es todo más sencillo: abrazar lo que encontramos en el sitio que estemos y no exigir lo que no toca en cada momento.


