Año 2024. Llega a casa un juego al que le tenía muchísimas expectativas: Stress Botics. Un eurogame de ciencia ficción y de autoría española que llevaba años desarrollándose. Recuerdo haber oído hablar de él poco tiempo después de mi entrada en el mundo de los juegos de mesa, allá por 2017.
El elemento diferenciador que más llamaba mi atención era el nivel de dureza que se le adjudicaba. Había escuchado a varios canales y reseñadores que habían podido probar el juego o participar en su desarrollo comentar que estaban ante el juego de edición española más complejo que se había creado nunca. Se decía, incluso, que con su expansión se convertía en uno de los juegos más duros que existían. Actualmente, el peso que aparece reflejado en la BGG es de 4,48.
Así que, con muchas ganas y también bastante respeto, comencé el proceso de “estudio”. Mi rutina para aprender juegos de complejidad alta suele ser siempre la misma. Lo primero es buscar un tutorial en YouTube para asentar los conceptos básicos y la estructura del juego y luego ya enfrentarme al manual con una buena parte del conocimiento previo.
Y con esta primera búsqueda en YouTube empezaron los problemas. De las escasísimas opciones de tutoriales que existen del juego, nos encontramos ante un tutorial que ha subido la propia editorial cuya duración es de 9 minutos y 16 segundos. No sé a quién se le ocurrió que un juego con este nivel de dificultad podía explicarse en ese tiempo, pero la utilidad del vídeo es exactamente la misma que si no existiera. Cero.
La otra opción que encontré es un vídeo de casi 4 horas en el que el propio autor enseña a jugar a través de TTS. El formato del vídeo y su duración me parecieron inasumibles y tomé la decisión de comenzar directamente con el manual. Y aquí es donde empezó de verdad la tragedia.
Me he leído los manuales de muchos juegos de complejidad alta a lo largo de todos estos años. Entre ellos, Voidfall (4,60), Barrage (4,10), Sweet Lands (4,14), Kanban (4,34) o Food Chain Magnate (4,19). Soy plenamente consciente de que todos estos juegos demandan una segunda o incluso tercera lectura del manual antes de ponerse a jugar con todas las reglas claras. Pero una primera lectura del manual te deja perfectamente claro cuál es la estructura del juego, cuáles son sus mecánicas básicas y la mayoría de los conceptos clave.
Sin embargo, después de la primera lectura del reglamento de Stress Botics, estaba exactamente igual que antes de empezarlo. O peor. Tenía en la cabeza una maraña de conceptos, micro-reglas y excepciones inconexas. No tenía ni idea de cómo empezar una partida. No veía el flujo. No entendía la lógica del juego. Y me pasó algo que jamás había ocurrido hasta el momento: me enfadé leyendo un manual.
Recuerdo perfectamente estar acabando el manual, con la cabeza completamente colapsada de información, y llegar a la parte del ataque de los cilindroides. Resulta que, dependiendo del segmento de la cinta en el que esté el cilindroide y del tipo del que se trate, pasan cosas distintas. Porque si están en los segmentos A y B, el láser ataca a Alphabot, el minero ataca también a Alphabot y el explosivo no ataca. Si estás en el segmento C, el láser ataca a AlphaBot y a los BetaBots, el minero no ataca y el explosivo ataca a los Alpha y Beta. Pero si están en el segmento D, el láser ataca a los Beta, el minero ataca a los Beta y el explosivo, si está armado, ataca a los Beta; pero si está desarmado, no ataca.
Este apartado fue la gota que colmó el vaso. No es que fuera difícil. Es que era innecesariamente enrevesado. Empecé a hacerme preguntas. “¿Qué sentido tenía ese nivel de desglose de opciones? ¿A qué respondía?”. Si en vez de segmentos de la cinta hablásemos de estaciones y, en lugar de cilindroides, fueran cultivos, quizá así entendería la bifurcación de las distintas opciones. Que en verano (segmento A), los tomates (mineros) se cosechan, el trigo (láser) se riega y las lechugas (explosivos) se plantan al menos respondería a una temática.
Pero en este caso, con un tema de ciencia ficción completamente inventado por su autor, no llegas a entender la justificación para el enrevesamiento de los caminos. Es también la primera y única vez que he utilizado el término “sobrecomplejo” para referirme a un juego. No complejo. Sobrecomplejo. Con normas, matices y excepciones que no parecen enriquecer la experiencia, sino que se levantan como una barrera de entrada para los jugadores.
Después de sentirme absolutamente desbordada por el juego, solo se me ocurrió una salida: pasarle el juego a Jesús, mi compi eterno de juegos, y que se lo preparase él. Jesús es especialmente amante de juegos complejos y tiene un ritual muy específico para preparárselos. Los despliega en mesa, va empapándose poco a poco de los componentes y las normas y simula varios turnos. Al final, acaba haciendo explicaciones al dedillo de este tipo de juegos, a las que no les sobra ni una coma. Si alguien podía enfrentarse a Stress Botics, era él.
Después de que el juego acabara en su casa, me llamó entre semana. Se había hecho una primera lectura rápida del manual y me dijo que no entendía muy bien cuál había sido mi problema con el juego. Que no le había parecido más difícil que cualquiera de los Lacerda que tenía en su colección. Me sorprendió que hubiera comprendido bien el manual, pero también me alegró saber que lo íbamos a poder estrenar. Así que quedamos ese mismo sábado por la tarde.
Muy temprano ese día, me empezó a mandar fotos con el despliegue del juego en la mesa. Se iba a poner con la asimilación profunda de las reglas para tenerlo bien preparado para esa misma tarde. Antes de la hora de comer, me llamó. “Abortamos misión. Llevo 4 horas con el juego y no entiendo nada. Es el peor manual al que me he enfrentado en la vida”. Y así, Stress Botics volvió a mi casa con las mismas partidas con las que se fue.
Con este texto no pretendo sentar cátedra de nada, ni muchísimo menos valorar la calidad como juego de Stress Botics, puesto que no lo he llegado a jugar. Ni una partida, ni media. Ni siquiera unos pocos turnos. Puede que, en mesa, se trate de un juego brillante. Puede que todas las mecánicas encajen como un reloj suizo. Pero ningún juego, por extraordinario que sea, compensa una curva de entrada tan alta que te impide siquiera empezar.
Soy consciente de que es un juego que lleva años de desarrollo, que habrá pasado por las manos y el feedback de cientos de jugadores expertos que habrán conseguido disfrutarlo. No ha sido nuestro caso. Ni el de Jesús ni el mío. Un juego que se supone que está pensado para jugadores como nosotros, que disfrutan los eurogames complejos, pero que se han visto pasados por encima.
Ni siquiera sabría identificar dónde está exactamente el problema. Si es en el nivel de complejidad del juego o en su manual y su falta de claridad. Pero lo que sí creo es que el problema realmente existe. Lo pienso cuando leo la reseña de Imisut en su web, con la que me sentí totalmente identificada en muchos párrafos. Lo veo en la ausencia total de tutoriales y partidas que existe en YouTube. Lo indica el hecho de que fue un juego del que se habló muchísimo y vino con muchísimo hype cuando estaba en desarrollo pero, una vez llegó a tiendas, desapareció de la faz de la tierra. Hace años que no oigo ni una mínima mención al mismo.
Este no es el artículo que me hubiera gustado hacer de Stress Botics. Me hubiera encantado probarlo, darle un número suficiente de partidas. Hablar de lo que más me ha gustado, de lo que menos. De a quién se lo puedo recomendar. Pero no ha sido posible. El único mérito que puedo concederle a Stress Botics es este: convertirse en el primer y único juego que me hizo rendirme antes de empezar.
