Otro señoro de los 90

Otro señoro de los 90

Pese a quien le pese, a mi el primero, soy un señoro de los 90. Hablando en términos roleros, claro. Y es que si hubiera nacido algunos años después, sería más joven.

No es algo que vaya a celebrar, pero tampoco puedo hacer gran cosa para evitarlo y tampoco lo lamento ni desprecio. Nací en el año 78 y en mi adolescencia comencé a jugar a rol, así que mis experiencias y educación provienen de aquella época. Fue y es la época en la que me ha tocado vivir, al igual que aquellos que nacieron después o antes les tocó vivir la suya. No hay más.
Como comentaba pues, en términos roleros, soy un señoro de los 90, al igual que gran parte de la plaga de gente que comenzamos a jugar a rol en aquella época.

Citando a Galadriel diré que «el mundo ha cambiado». Y por mi parte lo siento en mucho más que en el viento, el agua y el aire ya que tambien lo siento en mis huesos en forma de dolores que comienzan con la edad. Pero es otra historia.

Pero es cierto. El mundo ha cambiado y muchos de nosotros a la vez que ese mundo cambiante. Es algo natural, lógico y deseable. El pensamiento humano cambia. La sociedad cambia. En muchas cosas a mejor, afortunadamente. Pero es un cambio que sucede de forma natural. Un cambio que no se puede obligar a realizar, pero que en mayor o menor medida se realiza.

Cuando comencé a jugar a rol conocí a pocas chicas que jugaran a rol. Eso no quiere decir que no hubiera más, quiere decir que yo no conocí más cantidad.
Hoy en día me consta que había muchas más, pero en esa época yo no lo sabía, de modo que mi visión, según mi visión de aquella época, era había muy pocas chicas que jugaran a rol.
Si en base a esa experiencia y sin conocer nada más dijera que en los años 90 había pocas chicas jugando a rol, no mentiría, pero no sería la verdad. En aquella época ignoraba que había más allá de mi club, de mis colegas y de las jornadas en las que participaba. Pero ese mundo que viví no reunía toda la información requerida y mi visión y pensamiento se formó a partir de la que poseía.

Cuando comencé a jugar a rol, jugaba casi exclusivamente con chicos de mi edad o algo mayores, algunos me sacaban incluso 10 años y adopté su forma de jugar.

Es una forma de jugar que siempre me ha gustado ya que a pesar de fliparnos con los niveles, habilidades altas y otras características mecánicas que consiguen que los personajes sean poderosos, usábamos mucho la narrativa. La conversación entre personajes se realizaba en primera persona y era muy fluida. Jugar con quien jugué durante tantos años me formó como jugador de rol. Eran mis amigos y confiaba en ellos. Lo que hacía con ellos me divertía y no veía nada de malo en ir al club, juntarme con ellos, jugar nuestras aventuras y pasar un buen rato. Porque no hacíamos nada malo ¿no? No incumplíamos la ley, no éramos violentos, había cierta fraternidad… nada de malo ¿no?

Sin embargo, en la ficción, hicimos burradas. Algunas de esas aventuras eran verdaderas bestialidades.

No todas las aventuras eran iguales y no siempre hicimos burradas en la ficción, pero sea por la razón que sea se que jugamos aventuras y creamos historias que a ojos de hoy en día serían una abominación. Un grupo de adolescentes reunidos fin de semana tras otro, desatando sus fantasías de poder, masculinidad y… las masacres, el gore y las situaciones incomodas os puedo asegurar fueron lo de menos.

Yo que siempre me sentí incomodo en ciertas escenas, al final terminé por contagiarme de la dinámica y aunque siempre tuve límites, sobre todo como jugador, llegué a desatarme como director de juego y narré escenas que no eran adecuadas.

Lo hice, lo asumo y llegué a una conclusión: era un gilipollas. Posiblemente todavía lo sea.

Que ahora no juegue esas aventuras, ni narre esas escenas y me parezcan fuera de lugar no cambia lo que hice.

En realidad poco importa lo que hice hace 25 ó 30 años, lo que importa es lo que hago y como pienso ahora.

Por eso mismo he iniciado este artículo afirmando que soy un señoro de los 90.

Otro señoro de los 90

Día a día leo comentarios de chicas que explican los desprecios y agravios que han vivido, y hablo únicamente del mundillo rolero. Y en verdad en ocasiones llego a saturarme pero nunca digo nada. Me callo porque se que es verdad, que sus «quejas» son reales. Leo, me informo y a otra cosa, que lo que me gusta es tirar dados.

No digo nada no porque no crea que sea importante. De hecho todo lo contrario. Meterme en una conversación de ese tipo es inútil ya que no pudo aportar nada. No puedo disculparme por lo que le han hecho otras personas y cualquier comentario a una persona desconocida podría ser contraproducente. Por eso leo, callo y como mucho «like» y «RT» para que circule. Y yo a lo mío, que es escribir rol y hablar de rol, que poco a mucho algo se y creo que de esa forma si ayudo.

De hecho, creo que es por una de las razones que sigo escribiendo en este blog y en otros lugares. La mejor manera de aportar a que la situación cambie y a ser menos señoro es divulgar y dar ejemplo en la manera en la que creo que hay que hacer las cosas en la época en la que vivimos: respeto, amabilidad, feminismo, evitar las confrontaciones y los comentarios soeces. Todo ello pero sin abogar abiertamente por ello, solo fomentando el ejemplo.

Es posible que muchas o muchos creáis que debería de hacer más. De hecho he leído comentarios al respecto (en contextos concretos), alguno incluso citándome en redes sociales o señalándome.

No se que pudo hacer y no creo que mi humilde persona pueda hacer gran cosa excepto lo que ya hago y evitar hacer lo que hice. Esto último lo veo muy importante.
Además, en un asunto tan delicado como la inclusión femenina hay que tener más información de la que yo tengo y es una lucha que aunque debe recaer en la sociedad, un hombre no puede llevar la bandera, así que aquí me tenéis para apoyar pero no como abanderado.

De estas cosas no suelo hablar en redes sociales. Ni de estas ni de muchas otras que no sean rol. En ocasiones hago excepciones, pero no es lo común.
Pero es que además de las razones que he argumentado hay que recordar que soy un señoro rolero de los 90 con una educación de hace ya algunos años y que, quiera o no, me cuesta asimilar cosas o formas surgidas con el cambio social. Así que hay cosas que aun estando de acuerdo no entiendo del todo, así que toca callar y reflexionar.

Me gusta mucho haber descubierto desde hace años una visión diferente del mundillo rolero de aquella visión que tenía en los años 90. Una visión mucho más inclusiva, mixta y reivindicativa que en la que me inicié. Creo que se ha recorrido un arduo camino y queda bastante camino más que recorrer.
Soy un señoro de los 90 que he aprendido a reconocer lo gilipollas que fui, sin embargo temo que dentro de 20 años miraré hacia atras y volveré a tener la misma sensación con mi yo del pasado de 40 años. Creo que muchos, la mayoría, echaremos la vista hacia atras y tendremos esa sensación. Pero no cabe la disculpa ni los lamentos. Únicamente el trabajo realizado al reconocer nuestros errores.

Avant.

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