Hay reseñas que se escriben rápido y reseñas en las que pruebas el juego, te encanta, piensas “esto lo tengo que escribir”… y acto seguido lo metes en el cajón mental de “cuando tenga tiempo”. (Spoiler: ese tiempo nunca llega).
Así que sí, esta es una de esas reseñas que como dice mi gran amiga Silvia (TeFieltroMuxo) #reseñasdejuegosdehacetiempoquenohiceporquenomediolavida. Pero no porque el juego no lo mereciera, no, más bien todo lo contrario. Azul Duel llevaba demasiado tiempo esperando su turno, mirándome desde la estantería con cara de “¿hola? ¿y yo qué?”. Y por fin, ha legado el momento de sacarla del cajón.
Porque entre el cole, proyectos, juegos que entran más rápido de los que salen y la vida en general, este duelo de azulejos preciosos se quedó ahí, aparcado… hasta ahora. Y ya tocaba, porque es de esos juegos que no se olvidan, aunque pasen semanas sin sacarlo a mesa.
Así que aquí estamos, con la reseña por fin fuera del cajón, con risas, con cariño… y con muchas losetas de por medio.
Ficha Técnica
- Autor: Michael Kiesling
- 2 jugadores
- A partir de 10 años
- Duración: 40 minutos
De qué trata
Si no sabes absolutamente nada de Azul Duel, piensa en él como en un puzzle competitivo a dos personas donde el objetivo es hacer más puntos que la otra persona colocando azulejos de colores de la forma más inteligente posible.
No hay historia que seguir, ni personajes, ni misiones. Aquí no “interpretas” nada.
Aquí piensas, eliges y colocas.
Así que durante la partida, tú y la otra persona iréis cogiendo losetas de colores de una zona común (una especie de mercado) y las iréis colocando en vuestro tablero personal.
Y si ya conoces el universo Azul, seguramente te estés preguntando qué lo hace diferente del resto. La clave está en que, en Azul Duel, cada persona construye su propio tablero colocando unas losetas especiales que determinan qué espacios estarán disponibles, qué colores pueden ir en cada zona y, en definitiva, cómo se va a desarrollar la partida. Esto provoca que no todas las personas jueguen “a lo mismo”, que tengas que pensar tu estrategia desde el primer momento y que cada partida se sienta distinta, incluso aunque el objetivo final sea siempre el mismo. Y creedme, además, este cambio le da un giro totalmente acertado a la fórmula clásica y hace que el juego sea mucho más exigente y desafiante que el Azul original.
Cómo se juega
Tranquila, que Azul Duel no es complicado, aunque sí muy fino y exigente. Es de esos juegos que se entienden rápido, pero que cuanto más juegas, más decisiones interesantes te pone delante.
Estructura de una ronda
Se juega a lo largo de 5 rondas, y cada ronda está dividida en tres fases muy claras. La estructura es siempre la misma, así que en cuanto juegas una ronda, ya sabes cómo va a funcionar el resto de la partida.
1. Fase de adquisición
Es la fase principal de cada ronda y donde se toman la mayoría de decisiones importantes.
En esta fase, cada persona realiza una acción, eligiendo una de las cuatro opciones disponibles. Algunas de estas acciones pueden repetirse más de una vez por ronda, lo que abre bastante el abanico estratégico.
Las opciones son las siguientes:
- Coger una loseta de tablero
Sirve para ir construyendo tu tablero personal. Estas losetas no puntúan directamente, pero determinan qué espacios estarán disponibles y cómo podrás puntuar más adelante. Esta acción se puede realizar hasta dos veces por ronda, lo que permite invertir fuerte en preparar el tablero si así lo decides. - Coger azulejos de un mismo color de la parte “sol” de una fábrica
Esta es la forma principal de conseguir azulejos de colores para puntuar. Coges todas las fichas de un color concreto de una fábrica de sol y las llevas a tu zona de preparación.
Los azulejos que no eliges, se trasladan a la zona de luna, donde se colocan apilados por colores. Y aquí viene lo interesante, eres tú quien decide el orden en el que se apilan. Esto significa que eliges qué color queda arriba y, por tanto, cuáles estarán disponibles para futuras acciones.
Este pequeño detalle, aunque no lo parezca, tiene mucha más miga de la que aparenta. Al mover los azulejos a la zona de luna y decidir su orden, no solo estás resolviendo tu turno, sino que también estás preparando el terreno para lo que vendrá después. Puedes facilitarte una futura jugada, complicarle la vida a la otra persona… o ambas cosas a la vez. jijijij
- Elegir todos los azulejos superiores de la zona “luna”
Esta opción te permite coger todas las fichas visibles de todas las zonas de luna y ofrece una alternativa distinta al draft clásico.
- Coger una ficha de bonificación boca arriba
Estas fichas que aparecen cuando ya has vaciado todas las restantes, aportan pequeñas ventajas o puntos adicionales y pueden marcar la diferencia en momentos muy ajustados de la partida.
2. Fase de colocación y construcción
Una vez termina la adquisición, llega el momento de resolver lo que has ido preparando. Los azulejos de colores que hayas conseguido se gestionan en tu zona de preparación y, cuando completas filas, puedes llevar un azulejo a tu mosaico personal y puntuar según las conexiones, filas y columnas que completes.
Aquí es donde se materializan las buenas (o malas) decisiones tomadas en la fase anterior.
3. Preparación de la siguiente ronda
Se reponen las fábricas con azulejos, se reorganizan las zonas comunes y se deja todo listo para la siguiente ronda. Es un momento breve, pero necesario para volver a poner el tablero a punto antes de empezar de nuevo.
¿Cuándo termina la partida?
Tras completar las cinco rondas, se hace el recuento final de puntos, sumando bonificaciones y restando penalizaciones, y gana quien tenga más puntos.
¿Qué sensaciones transmite en mesa?
Azul Duel es de esos juegos que no hacen ruido, pero que mantienen la tensión desde el primer turno hasta el último. No hay dados, no hay sorpresas locas ni momentos caóticos, y aun así estás pensando constantemente. Al estar diseñado exclusivamente para dos personas, la sensación de duelo es muy clara: lo que tú haces afecta directamente a la otra persona y lo que hace la otra persona condiciona tu siguiente decisión. No es un juego agresivo ni de ataques directos, pero sí muy interactivo, casi como una conversación silenciosa entre tableros del tipo: “sé lo que estás intentando montar… a ver si te dejo”.
Lo curioso es que todo esto ocurre en un ambiente aparentemente relajado. Colores suaves, materiales bonitos y ritmo pausado, mientras por dentro estás repitiendo: “no cojas eso, no cojas eso… NO COJAS ESO”. Es ideal para quienes disfrutan del pique elegante, de pensar en silencio y de esa satisfacción tan grande de ver cómo tu tablero empieza a encajar.
Ritmo de partida y curva de aprendizaje
Las partidas fluyen muy bien. No hay entreturnos eternos ni momentos muertos: los turnos son rápidos, siempre estás pendiente de lo que hace la otra persona y, cuando termina una ronda, ya estás pensando en la siguiente. Es muy fácil acabar una partida y decir aquello de “venga, otra… que ahora ya sé cómo hacerlo mejor”, y eso es uno de los mejores cumplidos que se le puede hacer a un juego.
Además, Azul Duel no abruma. Las reglas se explican rápido y en la primera partida ya sabes lo que estás haciendo. No juegas a ciegas: entiendes qué puntúa, qué penaliza y por qué tomas cada decisión. Es accesible para personas que vienen de juegos familiares, que conocen Azul o que simplemente buscan algo para jugar a dos sin complicarse demasiado.
Eso sí, que sea accesible no significa que sea plano. Cuantas más partidas juegas, mejor lees el tablero de la otra persona, anticipas elecciones, ajustas el riesgo al coger losetas y aprovechas mucho más el tablero que tú misma has construido. Ese “creo que ya lo domino” dura poco, porque siempre hay una decisión distinta, un tablero diferente o una situación nueva que te obliga a replantearte cosas.
Mecánicas principales
Si eres de las personas que eligen juegos por las mecánicas que les funcionan, Azul Duel tiene varias que encajan muy bien entre sí. Por un lado, está el draft de losetas, con una selección constante que genera tensión en cada turno y obliga a tomar decisiones incómodas: no solo piensas en lo que te conviene a ti, sino también en lo que no quieres que llegue a manos de la otra persona.
A esto se suma la colocación de patrones, donde cada loseta cuenta y cada hueco importa. Colocar bien en el momento adecuado marca la diferencia entre una puntuación correcta y una jugada brillante.
Y, como elemento clave, la construcción de tablero variable, que hace que sea tu propio tablero el que defina la estrategia de la partida. Lo que construyes al inicio condiciona cómo juegas y obliga a adaptarte en cada partida.
Estética y componentes
Vamos a decirlo claro desde el principio: Azul Duel ¡es precioso!
Es de esos juegos que sacas a mesa y, antes de explicar nada, ya hay alguien tocando las piezas y diciendo “qué bonitoooo”.
Los protagonistas absolutos son los azulejos redondos. Y no, no es solo una cuestión estética: Tienen un tamaño perfecto, un grosor que da sensación de calidad y un tacto muy agradable, de esos que invitan a recolocarlos aunque no te toque.
El cambio de forma respecto al Azul original no es solo visual, también ayuda a que esta versión se sienta distinta desde el primer momento.
Colores y diseño
La paleta de colores es suave, elegante y muy reconocible dentro de la familia Azul. No cansa la vista, no satura y funciona muy bien incluso en partidas largas.
Además, el diseño del mosaico personal es claro: Sabes dónde puedes colocar, sabes qué te conviene y no necesitas estar revisando el reglamento cada dos por tres.
Todo está muy bien pensado para que el diseño ayude a jugar, no para estorbar.
Tableros y materiales
Los tableros personales son robustos, se mantienen bien en mesa y no dan sensación de fragilidad. Nada se mueve más de la cuenta y todo queda bastante claro visualmente, incluso cuando la partida avanza y el mosaico empieza a llenarse.
La iconografía es otro punto fuerte: clara, intuitiva y muy coherente. Esto hace que, una vez entiendes las reglas, el juego fluya solo.
Sensación general
Abrir la caja, preparar la partida y empezar a jugar es una experiencia muy agradable. Se nota que es un juego cuidado, con intención de ser bonito, pero también funcional. No es solo “bonito para hacer la foto”, es bonito para jugarlo muchas veces.
Lo que más me ha gustado y lo que menos
Una de las cosas que más me gustan de Azul Duel es que está pensado de verdad para dos personas. No es una adaptación ni una versión reducida: es un duelo puro, donde cada decisión tiene peso y donde no existen turnos irrelevantes. Desde el primer momento se nota que el juego sabe exactamente qué quiere ofrecer y no se dispersa. La interacción es constante, pero elegante; no hay ataques directos ni sabotajes descarados, pero estás pendiente del tablero de la otra persona todo el tiempo, midiendo qué coger, qué dejar y cuándo apretar un poco más.
El tablero variable es otro de sus grandes aciertos. El hecho de construir tu propio mosaico al inicio hace que cada partida sea distinta y evita que el juego caiga en automatismos. No hay una estrategia universal que repetir, sino decisiones que se ajustan a lo que tú misma has creado. Esto, unido a la casi total ausencia de azar, genera una sensación muy clara de control.
A todo esto se suma una producción muy cuidada. Los azulejos tienen un tacto y un peso que da gusto, el diseño es limpio y elegante, y la iconografía está tan bien integrada que el juego fluye sin necesidad de estar consultando el reglamento. Es bonito sin ser recargado, funcional sin ser frío, y muy agradable de tener en mesa.
Ahora bien, no es un juego para todo el mundo. Azul Duel es tranquilo, abstracto y cerebral. Si buscas risas constantes, caos, narrativa o interacción directa, aquí no lo vas a encontrar. El tema es puramente estético: acompaña, decora y da identidad visual, pero no genera inmersión ni historia. Además, las primeras partidas pueden sentirse algo contenidas y el juego gana muchísimo cuando empiezas a arriesgar más y a leer mejor a la otra persona.
Valoración Subjetiva
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